La sociedad actual es paradójica. Por un lado, te presionan para que tengas un cuerpo espectacular; por otro, te bombardean con publicidad sobre alimentos insanos y el tiempo libre (para hacer ejercicio, por ejemplo) escasea. En estas circunstancias hay personas, sobre todo mujeres, que acaban desarrollando formas de adaptarse que impactan sobre su salud psicológica; lo que conocemos como bulimia es una de estas formas.

La bulimia se caracteriza por episodios de atracón seguidos de intentos de purga. Las personas a las que la sociedad se refiere como bulímicas tienden a tener un peso normal, acompañado no obstante de un miedo intenso a aumentar de peso. Este miedo por engordar produce mayor sensación de hambre y provoca que los alimentos que no se consumen sean aún más atractivos, por lo que tarde o temprano (y probablemente acompañado por una situación ansiógena) acabarán comiendo lo que consideran mucho en un corto espacio de tiempo; o sea, un atracón.  Una vez ha terminado el atracón, se sentirán extraordinariamente mal por haberlo tenido y buscarán formas de deshacerse de las calorías ingeridas, típicamente mediante el vómito o uso de laxantes. De esta forma mantienen un peso socialmente aceptable, pero el precio es muy alto para su salud. Los vómitos frecuentes dañan la dentadura, la garganta y el esófago; el sentimiento de culpabilidad genera mucho malestar; se complica la vida diaria al no poder ir a celebraciones, casas de amigos, reuniones familiares, etcétera; y en general, el miedo constante a engordar provoca que el día a día sea como caminar constantemente al borde del abismo.

Estos son los signos habituales de una persona con diagnóstico de bulimia; pero la realidad es muy compleja y cada caso es único. Cuando una persona pide ayuda por cuestiones como las mencionadas arriba, en lugar de ponerle la etiqueta de bulímica y darle un tratamiento estándar hay que evaluar qué es lo que le ha traído hasta aquí. Cuáles son sus miedos, sus preocupaciones, su relación con la comida. Qué dificultades tiene a la hora de adaptarse al mundo. En quién se apoya. En definitiva, conocer al máximo detalle a la persona y su contexto para, ahora sí, poder ofrecer un tratamiento individualizado y poder alejarse del abismo.

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