La historia de cada individuo es tan diversa que los factores que a cada persona le pueden conducir a tener un problema de alimentación pueden ser distintos. No obstante, hay ciertos factores generales que sí tienen un peso importante y que nos influyen o nos hacen más vulnerables a que desarrollemos un problema alimentario.

Centrándonos en aquellos problemas de alimentación especialmente marcados por el miedo intenso a engordar, en los que la restricción de la ingesta de alimentos o las conductas purgativas están muy presentes, así como los problemas de imagen corporal, los siguientes factores, aunque no son los únicos, suelen ser clave:

 

La cultura de la delgadez imperante en nuestra sociedad

Hablar con detalle de cómo nuestro contexto social nos influye en el modelo de belleza que seguimos es un tema muy muy extenso, pero de manera sintética: existen una serie de reglas sobre qué se considera belleza y que no y, como sociedad, creamos dichos valores y actuamos acorde a esas reglas: premiando o castigando lo que cumple esa regla y lo que no. ¿Quién hace que aprendamos esto? ¿Cómo acabamos relacionando estos significados? De muy diversas formas: medios de comunicación que asocian éxito social, laboral, familiar, belleza con delgadez a través de publicidad; personas que halagan a otras cuándo han adelgazado y comentan aspectos negativos cuando han engordado y un sinfín de ejemplos.

 

La presión hacia las mujeres para “cuidar” su cuerpo

En relación con la cultura de la delgadez, en el caso de las mujeres, se nos enseña que buena parte de nuestro valor como personas está relacionado con la belleza. Y el canon de belleza imperante es de delgadez. En resumen: cuanto más bella, más vales, más éxito y, por ende, cuanto más delgada, más vales. Además, se nos enseña que debemos ocuparnos, como una de nuestras funciones principales en la vida, a dedicar tiempo a estar guapas y a parecer jóvenes: pintarnos las uñas, ir a la moda, cuidar nuestro pelo, maquillarnos diariamente, disimular y arreglar defectos…Y comer todos los productos bajos en grasa del mercado, claro, porque si engordamos entonces ya no valdremos. Obviamente, no es casualidad que un elevado porcentaje de problemas de conducta alimentaria lo tengan mujeres y no hombres, aunque las cifras han sufrido algunas variaciones en los últimos años.

 

Algunas etapas vitales como la adolescencia

Existen algunos momentos de la historia de las personas en el que podemos ser especialmente sensibles a comenzar con problemas de imagen corporal que nos lleven a problemas de alimentación. En la adolescencia, una buena parte de nuestro bienestar está relacionado con nuestro éxito social y afectivo, con el valor que nuestros iguales nos confieran, que, por los factores antes mencionados, está muy relacionado con la valoración que hagan de nuestra imagen corporal. Así, conseguir las miradas, atención, reconocimiento y atracción de otros por nuestro cuerpo se vuelve especialmente potente. La adolescencia no es la única etapa, existen otros momentos vitales en los que podemos sentirnos poco valoradas y especialmente necesitadas de éxito social o afectivo, lo que nos puede hacer más vulnerables a empezar a tener problemas de alimentación, al ver que al manipular nuestro peso conseguimos otra respuesta por parte del entorno.

 

Historia de fracaso social y/o afectivo relacionada con nuestra imagen corporal

Especialmente, cuando de niñas o adolescentes hemos sido rechazadas o criticadas por nuestra imagen corporal, nos podemos volver más sensibles a desarrollar problemas con la comida, ¿por qué? De nuevo, ese hecho vivido puede hacer que nos resulte especialmente potente, reforzante, que se nos quiera o valore por nuestra imagen.

 

Historia de dietas, de presión por la comida

Cuando se ha relacionado “cuidarse”, en forma de seguir dietas o hacer ejercicio no para cuidar nuestra salud sino para modificar nuestra imagen. Cuando hemos visto que se seguían dietas en nuestro entorno cercano con ese objetivo o cuándo hemos sido sometidas a seguir dietas desde pequeñas ya hemos ido aprendiendo que, si queremos estar bien, tenemos que moldear nuestra imagen.

 

Patrones de comportamiento inflexibles o especialmente exigentes

Hay personas que son muy capaces de guiar su comportamiento, aunque sea un esfuerzo, por las consecuencias a largo plazo de este, son capaces de demorar la gratificación siguiendo una serie de reglas verbales que se dicen así mismas (“Si haces tal cosa conseguirás tal”). Esta característica no es mala en sí misma, pero hace que seamos más capaces de ignorar nuestro apetito, nuestras ganas, con tal de conseguir un supuesto beneficio más adelante. Además, es un patrón de comportamiento que cuando va unido a inflexibilidad es especialmente peligroso.

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