La vida, una toma de decisiones constante

Cuando tenemos que tomar una decisión y nos está costando, suele ser porque lo que puedo ganar y perder con ello está ajustado, está muy poco claro o hay miedos y sufrimiento que anticipamos en uno de los caminos. ¿Dejo este trabajo por este otro?  ¿Apuesto por formarme o me quedo con otro plan que me dé mayor seguridad? ¿Continúo esta relación o la termino? Y millones de ejemplos más.

Lo cierto es que la vida está llena de tomas de decisiones grandes, medianas y pequeñas y quedarnos parados en una de ellas no nos permite avanzar, además de la sensación de ambigüedad e intranquilidad que suele generarnos.

¿Cómo hacer que la decisión sea más fácil?

Cada persona, en cada situación particular que esté viviendo, puede necesitar cosas muy distintas pero quizá las siguientes pautas podrían ser de utilidad en muchos escenarios posibles de decisiones complicadas:

  • Hay que darle alguna vuelta al tema pero de forma controlada y de la manera más eficaz posible. Valora pros y contras, a corto, medio y largo plazo e identifica tus objetivos de forma clara. Pero no pienses constantemente en la decisión, hazlo en momentos concretos de cierta serenidad, raciona el tiempo que dedicarle, más no siempre es mejor. Fruto de esta valoración se abrirá un abanico de posibilidades, ¿más opciones aún? Bueno, paso a paso, parte de este proceso consiste primero en contemplar varias alternativas para tener una perspectiva general y valorar con criterio, para después, ir descartando y estrechando lo máximo posible las opciones hasta que únicamente estés valorando las fundamentales.
  • Pide consejo pero no en exceso, tampoco lo compartas con todo el mundo. Suele aliviarnos contar esto que nos preocupa y tener la esperanza de que alguien nos diga algo súper claro que nos haga decidir. La realidad suele ser tener un lío tremendo después de haber escuchado 80 opiniones distintas. Elige 2 o 3 personas cuyo criterio te pueda interesar para ese caso en concreto, ponte límites, no todas las opiniones son igual de valiosas.
  • Asume que tienes que dar el paso, no te eternices, hazlo. Si la decisisón es compleja y te está costando, probablemente, la situación no vaya a cambiar. A no ser que estés esperando información concreta, la toma de decisiones va a ser igual de compleja hoy que la próxima semana, así que, no la demores eternamente, ponte un plazo de tiempo para tomarla y no te ilusiones con que mañana vaya a cambiar algo que te haga tomarla.
  • No pretendas estar perfectamente, que aparezcan ciertas emociones debido a la incertidumbre y a la anticipación es normal, seguramente el proceso sea menos horrible si dejas de intentar controlar cosas que no sabes o de anticipar consecuencias negativas sin evidencias.
  • Una vez hayas tomado la decisión, no mires al pasado. No empieces a pensar en cómo serían las cosas si hubieras tomado la otra decisión. Esas cabilaciones son, seguramente, imprecisas y desde luego innecesarias, no te ayudan. Céntrate en los aspectos positivos que te ha aportado el camino elegido. ¿Crees que es innevitable? De eso nada, es difícil pero puedes manejar tus pensamientos, tu atención para redirijirlos hacia lo que necesites. Cuesta, requiere entrenamiento y perseverancia pero se pueden manejar esas rumiaciones.

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