¿Estoy sacando el máximo partido a mi vida? ¿Estoy haciendo lo que “debo” hacer? ¿Estoy viviendo todas las experiencias posibles? Si mañana ya no viviese…. ¿Sentiría satisfacción por lo vivido hasta el momento?

Es probable que alguna vez te hayan surgido estas preguntas. Es muy común reflexionar sobre nuestra propia trayectoria vital, sobre nuestra felicidad y sobre el sentido de la vida.  No sólo es común pararse a hacerse estas preguntas, sino prácticamente inevitable e incluso deseable, pero sólo en cierto grado. Estas reflexiones pueden aportarnos bienestar al dirigirnos en una dirección, además de hacernos sentir cierta seguridad y tranquilidad. Sin embargo, algunas personas piensan en este tipo de cuestiones con demasiada frecuencia e incluso de manera poco productiva y desajustada, lo que hace que les llegue a generar mucho malestar. No hay una respuesta sencilla a este tipo de cuestiones vitales, lo único que es seguro es que no hay certezasy es, esa misma incertidumbre de no poder dar respuesta segura, lo que genera verdadera intranquilidad y ansiedad.

¿Por qué nos hacemos este tipo de preguntas?

Sabiendo que siempre van a existir aspectos únicos de cada persona a tener en cuenta, estos son los factores que hacen que reflexiones en exceso sobre tu vida:

  • Tender a anticipar e intentar controlar situaciones en exceso. A casi todas las personas nos gusta la certeza y la certidumbre, pero hay personas que necesitan esta seguridad y control más que otras. Cómo no, intentar controlar lo incontrolable se extiende a intentar tener certezas de si estamos viviendo nuestra vida adecuadamente.
  • Tener la muerte muy presente. Por diversas razones, por problemas psicológicos relacionados con ansiedad generaliza, la hipocondría o la depresión; por haber vivido enfermedades nuestras o de allegados; por verla o vivirla con frecuencia en nuestro trabajo, por haber sufrido pérdidas…
  • Reflexividad constante. Como un fenómeno propio del ser humano en nuestro siglo. Es una tendencia a reflexionar en exceso sobre todo lo que nos ocurre, sobre nosotros mismos, sobre nuestra vida.
  • Salirse del camino marcado socialmente. Cuando la vida que estamos llevando, no se parece tanto a la norma, es más probable que algunas personas desconfíen de si las decisiones vitales tomadas les reportarán bienestar, tal y como ese otro camino marcado parece sí generar.
  • Compararnos mucho y mal con otras vidas. Solemos compararnos constantemente con otras personas, solemos equiparar nuestra vida a la de otros y pensar en si estaremos siendo tan felices como…si estaremos siendo tan congruentes como…si seremos tan sociables como…O cualquier otro valor que creamos relevante. En esta tendencia a contrastar erróneamente nuestra vida con la de otros surge la pregunta…Quizá yo no esté aprovechando mi vida tanto como otras personas parecen hacerlo.
  • Seguir un concepto de felicidad y bienestar desajustado. Este punto es fundamental. Parece estar establecido un criterio de felicidad en nuestro contexto que se aleja de las posibilidades reales. No es posible no experimentar emociones desagradables en la vida a pesar de ser felices y no es posible estar siempre bien y sintiendo bienestar. Las emociones negativas y las circunstancias difíciles forman parte de la vida, también las malas decisiones, los errores y la incertidumbre. Pensar que pasar por estas cosas supone alejarnos de la felicidad es incorrecto. La felicidad también contiene cosas menos buenas y cosas malas, creer que no es así sólo genera frustración y que nos preguntemos aún más si realmente estamos sabiendo vivir “bien” la vida porque no estamos encontrando la “fórmula” para eso que se supone que debemos sentir. Cómo las redes sociales influyen en este punto también es algo a tener en cuenta y de lo que hablaremos en futuras entradas del blog.

¿Cómo puedo hacer que estas reflexiones no me generan tanto malestar?

Ya sabes, no hay magia. Los típicos tips que parecen solucionarte la vida en dos frases suelen llevar un aprendizaje detrás algo complejo y no ser tan útiles al fin y al cabo. No queremos que esto te desanime, todo lo contrario, estos son los consejos que podemos darte y ten por seguro que acertados, pero no te frustres si no consigues integrarlos en tu vida con facilidad, será lo más normal. Persevera, no tengas prisa:

  1. Ya que no habrá una respuesta lo suficientemente segura, acéptalo y comienza a aprender a tolerar la incertidumbre, pues forma parte de la vida. Es normal sentir emociones “negativas” (error llamarlas así, lo hablaremos en un post), no podemos estar bien siempre y no podemos controlar todas las situaciones ni saber el futuro. Cuanto más intentes controlar cosas incontrolables, más ansiedad y frustración sentirás y menos capacidad para afrontar circunstancias vitales de inseguridad. Avanzar en este aprendizaje es tremendamente complejo, puede llevar años. Comienza con pequeños retos, con situaciones de incertidumbre que suelas intentar controlar solo por sentir seguridad, y comienza a dejar de hacerlo.
  2. Genera tu propia respuesta, forja tu propio criterio y olvida las comparaciones.Tus circunstancias y tu forma de ser son únicas. Tu vida también lo es, comienza a tomar decisiones de lo que quieres tú por lo que a ti te aporta, independientemente si se sale de lo socialmente marcado o si será aceptado por otras personas.
  3. Elige actividades y formas de vida que te gusten y llévalas a cabo, no lo dejes para más adelante. Si siempre has querido comprometerte más con algún valor en tu vida, si siempre has querido mejorar la relación con una persona o cumplir un objetivo personal concreto…hazlo y disfruta de la satisfacción de dirigir tu vida y ser congruente con tus valores y deseos.
  4. Entiende que no existe un estado de felicidad constante y no lo persigas. Los errores, las malas decisiones, los malos momentos y las emociones negativas, en general, forman parte de la vida, incluso de una vida feliz, es imposible eliminarlas por completo.
  5. Intenta llevar tu atención y tu vida al presente, más de lo que habitualmente lo haces.Es normal y adecuado pensar en el futuro y anticipar, no dejes de hacerlo. Es bueno para muchas cosas como motivarnos, ilusionarnos y prepararnos. Pero, a veces, nos quedamos demasiado centrados en el futuro o en el pasado, nos descubrimos pensando en cosas que realmente no sabremos si irán en esa línea a futuro o que no podemos cambiar y, entre tanto, estamos desaprovechando cada instante, que, por cierto, forma parte de esa vida que nos da miedo perder.

Esperamos haber clarificado, en alguna medida, cuestiones relevantes para ti. Si, además, consideras que podrías beneficiarte de ayuda profesional para resolver tus dificultades, no dudes en contactarnos, podemos ayudarte.