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A vueltas con la autoestima

By noviembre 12, 2018 No Comments

Tal y como prometimos, esta entrada trata sobre ese concepto tan conocido llamado autoestima.

Se ha hablado mucho de ella, tanto desde el conocimiento popular como el académico, y sin embargo sigue habiendo problemas para definirla y acotarla. Vamos a tratar de dar algunas pistas para ayudar a entender a qué nos referimos y, sobre todo, utilizar lo que sabemos para ayudar a personas con problemas.

De lo primero que hay que huir es de autoestima como concepto explicativo circular; esto significa que, cuando decimos que alguien no se gusta “porque tiene baja autoestima” y que a la vez “tiene baja autoestima porque no se gusta” estamos cometiendo una grave imprecisión. Es lo mismo que ocurre con la depresión; no podemos decir “está triste porque está deprimido” y a la vez sostener “está deprimido porque está triste”. Entendemos que hay un componente causal y otro que resulta el efecto de esa causa.

Desde el punto de vista de la psicología conductual el término autoestima hace referencia a una serie de comportamientos medibles y observables: la cantidad de veces que una persona se refiere a sí misma en buenos términos, la intensidad con que lo hace, los pensamientos (obviamente relatados a través de lenguaje) que giran en torno a su capacidad para enfrentarse con éxito a situaciones difíciles, lo que piensa (y dice) de su físico, cualidades y valores… En definitiva, el discurso cuyo contenido se refiere a sí misma y los adjetivos con que lo acompaña (inteligente, ágil, divertida, insulsa, tonta, atractiva, fea, interesante, guapa, capaz, valiente, mezquina, irresponsable…). A este compendio de verbalizaciones y pensamientos es a lo que nos referimos comúnmente como autoestima; es una especie de resumen, una forma rápida de decir que alguien tiene una opinión determinada de sí mismo. Pero lo realmente importante es el contenido sobre el que se hace el resumen; decir que alguien tiene autoestima alta no nos dice exactamente qué piensa, dice o hace, y es a esto a lo que un terapeuta debe prestar especial atención si quiere llegar a resolver un problema de autoestima (o autoconcepto, que viene a ser un sinónimo pero que de nuevo no nos da la información que precisamos).

Como de costumbre, NO estamos negando que la gente sufra por problemas de autoestima. Sabemos que muchas personas lo pasan realmente mal diariamente por problemas relacionados con cómo se ven a sí mismas; y es ahí donde hacemos hincapié. No damos como explicativo el hecho de invocar a la autoestima, sino que tratamos de averiguar qué es lo que le está provocando a estas personas el pasarlo tan mal, atendiendo a comportamientos medibles en lugar de a constructos intangibles.

Habrá quien esté pensando: “¿quieres decir que la gente se provoca su propio malestar?”. En absoluto. Decir eso significaría que, ante la posibilidad de pensar “soy inteligente” o “soy tonta”, una persona elige la segunda porque quiere. Y esto está muy lejos de parecerse a la realidad.

A lo largo de nuestra vida se va conformando nuestra manera de pensar. Para algunos la influencia de sus padres es palpable, mientras que para otros no hay prácticamente rastro de sus educadores en la forma en que piensan. Lo cierto es que no es posible saber si una persona va a estar más mediatizada por su familia, sus amigos o figuras famosas; pero está claro que el cómo pensamos está sujeto a influencias directas del entorno. Por ejemplo, si a una persona sus compañeros de colegio le han estado diciendo que no vale nada, que es fea, que nadie le va a querer, es muy posible que poco a poco vaya incluyendo todo esto en su manera de pensar. A otra persona sus padres podrían decirle que es valiente, decidida, inteligente y divertida, y eso probablemente repercutirá en cómo se ve a sí misma. Pero esto no es una relación causal; las personas del ejemplo podrían acabar pensando de maneras totalmente distintas a las descritas, dependiendo de las influencias ejercidas por el entorno. En la rama de la psicología que se dedica a la explicación del comportamiento humano no podemos hacer generalizaciones sobre por qué una persona piensa de una manera determinada; hay que evaluar específicamente cada caso para poder establecer relaciones entre lo que la persona hace y las consecuencias que esto tiene. Hay tendencias, pero sería un error darlas por supuesto y no evaluar qué es lo que pasa realmente.

Y esto es lo que ocurre con la autoestima. Generalmente, las personas con problemas de autoconcepto han sido tratadas con desprecio por parte de su entorno, o han sido sometidas a formas de educación demasiado exigentes e inflexibles; pero no se puede dar por sentado, ya que no todos los que presentan este problema han pasado por eso. Pueden haber sufrido el rechazo sistemático de sus iguales o no haber tenido éxito en relaciones sentimentales o de amistad. Puede que hayan juzgado sus capacidades como inadecuadas o que les hayan enseñado que la excelencia es lo mínimo a lo que tienen que aspirar, despreciando todo lo demás. Cuando sólo te permiten alegrarte cuando sacas un 10 en un examen aprendes a despreciar todo lo que está por debajo, y eso es muy peligroso. Cuando te bombardean con que para que alguien te quiera tienes que ser sumisa te están poniendo en una situación de mucho riesgo. Y, como decíamos antes, no es algo que elijas. La presión del entorno puede ser inaguantable y puede hacer que cambiemos de opinión o que nos formemos una totalmente sesgada. ¿Cuántas veces te ha gustado una película y no te has atrevido a decirlo por miedo a que se rieran de ti? ¿Te atreves a decir que no te gusta un restaurante cuando todo el mundo a tu alrededor dice que es excelente? ¿Has ido a algún sitio que no te gusta porque la gente insistía? Es más, ¿ha llegado a disgustarte algo que antes te gustaba sólo porque la gente te ha dicho una y otra vez que estás equivocado? Como ves, la presión social puede provocar que no te atrevas a hacer cosas o, peor aún, que hagas algo que no te gusta. Pues exactamente lo mismo con el pensamiento: puedes acabar pensando de una manera determinada porque la sociedad te dice que eso es lo correcto. Si además nos situamos en una etapa de vulnerabilidad como es la infancia o adolescencia, más probable es que acabemos pensando de una manera que nos disgusta pero que no sabemos cómo cambiar, porque nadie nos ha enseñado cómo.

Y ésta es la labor de un psicólogo. Las personas con problemas de autoconcepto pueden obtener muchos beneficios al iniciar una terapia psicológica, ya que les enseñarán a pensar de manera más adaptativa, más acorde con la realidad y con su valía real. Porque una de las características típicas de este tipo de problemas es que, generalmente, no están describiendo la realidad de manera objetiva. Podrían estar diciendo que son tontos por sacar sólo dos matrículas en vez de seis. Podrían decir que son horrorosos pese a tener unas características físicas típicamente deseables. Podrían decir que son inútiles porque no les sale todo a la primera. Y así con un montón de pensamientos dirigidos a ellos mismos que, objetivamente, no tienen relación con la realidad.

Esperamos haber despejado algunas dudas sobre la autoestima y, llegado el caso, hacer que algunas personas se decidan a dar el paso e iniciar terapia.

 

 

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