Todo el mundo ha sentido estrés alguna vez en su vida. Esto es buena señal, porque como siempre decimos el estrés es una respuesta habitualmente adaptativa. Sin embargo, para algunas personas deja de serlo y se convierte en un problema cuyas consecuencias pueden ser devastadoras.

Para saber si el estrés que estás sufriendo es desadaptativo es importante que te fijes en los siguientes aspectos:

  • Intensidad. Si lo estás pasando tan mal como en algún episodio horrible de tu vida (accidente de tráfico, enfermedad grave, separación de un ser querido, amenazas a tu integridad física) y no se están dando circunstancias similares, sin duda es momento de tratar el estrés.
  • Frecuencia. En caso de que tengas episodios de estrés cada muy poco tiempo (desde que te despiertas, en el trabajo, en clase, en casa, antes de ir a dormir…) es muy probable que esté habiendo un desajuste en la respuesta de estrés. Plantéate evaluar ponerle remedio.
  • Duración. Algunas personas tienen la incómoda sensación de estar nerviosas constantemente. Incluso cuando están en su casa y sin que haya ocurrido nada que motive estar intranquilo. No hace falta decir que vivir así puede ser desesperante.
  • Preocupación por cosas que no han ocurrido. Puede ser que el estrés que sufres provenga de pensamientos relativos a problemas futuros; “y si me voy al paro”, “y si me deja mi pareja”, “y si me contagio de alguna enfermedad”, “y si mi quedo sin amigos…” Circunstancias que no han ocurrido pero que sin embargo te preocupan. Un buen terapeuta puede ayudarte a manejar ese estrés y, sobre todo, enfrentarte a esos pensamientos anticipatorios que te impiden vivir con tranquilidad.
  • Afectación a la salud. Los mal llamados “síntomas somáticos”. Niveles elevados y mantenidos de estrés en el tiempo pueden influir en desarrollo o en la intensificación de problemas de salud como cefaleas, insomnio, dolor crónico, enfermedades inflamatorias intestinales, enfermedades autoinmunes
  • Afectación a otras áreas de tu vida. Quizá la fuente de estrés provenga del ámbito laboral, quizá del ámbito familiar, quizá tenga que ver con una crisis vital… Hay muchas posibilidades. Una característica que también puede alertarnos es que la afectación del estrés empiece a pasarnos factura en otras áreas de la vida, de forma que me haga comportarme y sentirme de una forma diferente. Por ejemplo, estamos empezando a sentir estrés en el trabajo y eso hace que, en pareja, me cueste más mostrar mi afecto, pierda deseo sexual, que esté más irritable con mi familia…

Por el contrario, si el estrés que sufres no aparece casi todos los días, no te sientes constantemente nervioso, las preocupaciones son por cosas que están ocurriendo o muy probables, no está afectando a tu salud o a otras áreas de tu vida o la intensidad es congruente con lo que estás viviendo, enhorabuena: entonces no necesitas visitar a un especialista.

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