Sé que, en ocasiones, te has sentido o te sientes mal con tu propia imagen corporal.

Lamentablemente es muy común, casi todo el mundo ha sentido o siente habitualmente esta insatisfacción, ¿sabes por qué?

La respuesta breve es: porque así lo has aprendido. La respuesta larga sigue siendo: porque lo has aprendido, pero trata de desentrañar un poco más cómo se ha dado dicho proceso.

Primero, no entendamos aprender como algo tan intencional, como cuando vamos a clase y tomamos apuntes, con aprender, los profesionales de la psicología nos referimos a cosas que se dan de forma más automática, sin darnos casi cuenta. Nuestra forma de responder ante el mundo (pensar cosas, actuar…), se va adquiriendo en función de las cosas que nos pasan, las circunstancias que vivimos y cuáles son las consecuencias de esta interacción entre lo que hacemos y lo que va sucediendo…

Aprendemos a valorar nuestra imagen en función de muchas cosas, pero hay dos muy importantes: (1) en función de la relevancia que se le da a la imagen en el contexto social en el que nos desenvolvemos, del sentido concreto o significado que tiene la imagen corporal para esa sociedad y cultura en la que vivimos. Las nuevas tecnologías y la forma de relacionarnos con ellas, es un ejemplo de la relevancia que tiene la imagen para todas las personas y para ciertas poblaciones. Este aprendizaje social y cultural tiene relación con cánones de belleza concretos que se establecen, por ejemplo, en Europa, para las mujeres, el canon en la delgadez extrema. (2) También aprendemos a valorarnos en función de las experiencias que hemos vivido en nuestra historia percibidas como éxito o fracaso en relación a nuestro cuerpo (si me he sentido querida, atractiva, deseada…). Así, entre otras formas, vamos aprendiendo a valorarnos, a gustarnos o disgustarnos.

Dado que la insatisfacción que las personas sienten con su propio cuerpo es tan habitual… Algo está yendo mal, ¿no? ¿Van mal nuestros cuerpos? ¿O va mal nuestra valoración de los mismos? Quizá lo que va mal es intentar encajar un canon de belleza inalcanzable, poco realista y poco diverso. Quizá tampoco funcione bien que cada uno perciba como un fracaso no acercarse a ese modelo de belleza. En el momento en que las personas pretendemos encajar en un modelo muy muy estrecho, muy homogéneo, algo va mal casi seguro y nos vamos a frustrar.

Quizá sin darte cuenta, a lo largo del día y casi todos los días de tu vida le das mucha importancia a ese canon de belleza e intentas ajustarte a él: te comparas, piensas en qué comer y qué no y qué efecto tendrá eso, te miras demasiado, te describes de forma poco realista…Es entendible por qué lo haces, has aprendido a hacerlo y te “funciona”, cada vez que te aproximas a dicho patrón de belleza te sientes bien…pero a la vez te genera frustración e insatisfacción constante porque son muchas más las veces que te alejas de ese modelo y muchas más veces dejas de cuidar y respetar tu propia imagen por no parecerse a la que “debería”.

Probablemente seas bastante consciente de estos procesos, ahora bien, ¿vas a hacer algo para frenarlos? ¿Vas a dejarte llevar? Mientras tomas esa decisión, ¿qué te parece si pensamos en lo que ganarías aprendiendo a valorar tu cuerpo?

  • Ganarías en bienestar y tranquilidad. ¿Te imaginas no sentirte mal por ver la celulitis en tus piernas? ¡Qué locura! ¿O ver que te acercas irremediablemente a la calvicie y eso no te preocupa?
  • Ganarías tiempo. Seguro, podrías dedicar más tiempo y esfuerzo a otras cuestiones relevantes de tu vida que tienes desplazadas si la preocupación por tu imagen no te ocupara tanto tiempo y recursos.
  • Ganarías salud. Seguramente intentar encajar con ese patrón de belleza concreto te ha llevado a actuaciones inadecuadas con tu alimentación o simplemente un nivel de estrés y preocupación elevado. Imagínate no poner en juego tu salud para sentirte bien con tu propio cuerpo.

¡Qué liberación! ¿Sabes qué es lo mejor? Que se puede lograr.

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